Sabemos que educar sin gritos es lo más deseable, aunque en ocasiones nuestro día a día junto con algunas situaciones a las que nos enfrentamos con nuestros hijos nos haga cuestionar si es realmente posible.

Gritar a nuestro hijo no tiene ninguna ventaja, más bien todo lo contrario. Además, tenemos que pensar que no por gritar vamos a conseguir que el niño nos haga más caso.

En cambio, hay múltiples desventajas y consecuencias negativas para los niños cuando les gritamos: les generamos desmotivación, desatención, frustración, baja autoestima, rabia, estrés,…

Educar sin gritos no es fácil y conlleva un esfuerzo por parte de los padres y un extra de serenidad, confianza y comunicación positiva.

Para conseguir educar sin gritar hay algunos consejos que se pueden seguir para lograrlo:

Cuenta hasta 10 para evitar empezar la regañina con tu hijo gritando. También piensa que vas a decirle a tu hijo antes de hacerlo y, sobre todo, cómo. Además, evalúa si lo que ha hecho el niño es realmente grave.

Es muy importante ponerse en el lugar del niño e intentar ver las cosas desde su punto de vista. Los niños no ven el mundo con los mismos ojos con los que lo hacemos los adultos. Tenlo en cuenta siempre y evalúa lo que hace tu hijo, por qué lo hace y su forma de actuar pensando en su forma de ver las cosas.

Para educar sin gritar es muy importante dialogar. Explicarle a tu hijo por qué hay cosas que no puede hacer o tiene que hacerlas de forma distinta, es básico para el crecimiento personal del niño. Pregunta a tu hijo el por qué de su comportamiento y habla mucho con él. Los niños hacen las cosas por algún motivo y si no les preguntamos no podremos llegar a entenderlo.

Dedicar tiempo a tu hijo es fundamental. Pero tiene que ser tiempo de calidad. No vale pasarse la tarde entera con el niño si estás, por ejemplo, pendiente continuamente del móvil o atendiendo otras cuestiones. El tiempo que pases con tu hijo es fundamental para conocerlo, saber cómo piensa y entenderlo.

Por últimos, piensa que saber pedir perdón es básico para los padres, y también para los hijos. En ocasiones perdemos los nervios, actuamos de forma incorrecta delante de nuestros hijos y cometemos errores. En estas circunstancias es importantísimo que sepamos pedir perdón, dándoles un ejemplo más que bueno a nuestros hijos y enseñándoles que cuando hacen algo que no está bien hay que disculparse siempre.

Educar sin gritar